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Panorámica nocturna de la ciudad de Nador

Beni Ensar · Cultura

Historia de Beni Ensar

La historia de Beni Ensar (Beni Enzar, Beni Nsar) es, en buena medida, la historia de su geografía: un rincón del Rif oriental encajado entre el mar Mediterráneo, la laguna de Mar Chica, el macizo del Gurugú y la ciudad de Melilla. Ese cruce de caminos explica cómo una pequeña localidad rural se convirtió, en poco más de un siglo, en una de las ciudades fronterizas y portuarias más transitadas del norte de África.

Lo que sigue es un repaso general y divulgativo de esa evolución, centrado en los hechos más conocidos de la historia de la comarca.

Raíces rifeñas: la tierra de los Ait Nsar

El nombre de la ciudad procede de la fracción tribal de los Beni Ensar / Ait Nsar, integrada en las cabilas rifeñas del entorno del Gurugú y la Mar Chica, en la región histórica de la Guelaya. Como en todo el Rif, la población de la zona es mayoritariamente amazigh (bereber), y su lengua tradicional, el tarifit o rifeño, sigue siendo hoy la lengua de la vida cotidiana junto al árabe.

Durante siglos, la comarca vivió de la agricultura, el pastoreo y la pesca en la laguna, articulada en aldeas y mercados semanales más que en grandes núcleos urbanos. El vecino peñón costero donde hoy se asienta Melilla —plaza vinculada a la corona española desde finales del siglo XV— fue durante mucho tiempo un enclave amurallado con el que la relación fue variando entre el conflicto y el comercio.

Siglos XIX y XX: guerras y Protectorado

A finales del siglo XIX y comienzos del XX, el entorno de Melilla fue escenario de varios episodios bélicos entre España y las cabilas rifeñas, como la guerra de Margallo (1893) y la campaña de 1909, muy ligada a las laderas del Gurugú. Con el establecimiento del Protectorado español de Marruecos en 1912, la comarca de Nador quedó dentro de la zona de administración española, y en ella se desarrollaron infraestructuras, cuarteles, minas y ferrocarriles mineros.

La guerra del Rif (años veinte), con episodios tan conocidos como el desastre de Annual (1921) en esta misma provincia, marcó profundamente la memoria de la región. Tras el final del Protectorado y la independencia de Marruecos en 1956, la zona se integró en el reino alauí, conservando una relación cotidiana e intensa con la vecina Melilla, cuyo carácter español se mantuvo.

El puerto que lo cambió todo

El gran punto de inflexión moderno llegó en los años setenta, cuando Marruecos impulsó la construcción de un gran puerto propio en la bahía: las obras del puerto de Nador–Beni Ensar comenzaron en 1975, aprovechando la bocana de la Mar Chica y compartiendo entrada con el puerto de Melilla. Con los años se consolidó como puerto comercial y de pasajeros, y desde 1994 conecta por ferry con la península ibérica.

El puerto atrajo industria, comercio y población. Beni Ensar pasó de ser un municipio rural a una ciudad en crecimiento continuo, alimentada por el tráfico del puerto, el paso fronterizo y la emigración de la comarca hacia Europa, cuya diáspora regresa cada verano durante la Operación Paso del Estrecho.

Ciudad de frontera

La condición fronteriza define la vida local desde hace más de un siglo. El paso de Beni Ensar–Melilla es uno de los límites terrestres entre Marruecos y la Unión Europea, y por él han circulado durante décadas trabajadores transfronterizos, comerciantes, estudiantes y familias con vínculos a ambos lados. Los ritmos de la frontera —aperturas, cierres, cambios de régimen de paso— han marcado la economía de la ciudad en cada época.

Ese carácter de bisagra entre dos orillas explica también el paisaje humano de Beni Ensar: una ciudad joven, comercial y en movimiento, donde conviven el tarifit, el árabe y el español, y donde la identidad rifeña se mezcla con la vocación mediterránea del puerto.

El siglo XXI: la apuesta por la Mar Chica

En las últimas décadas, el desarrollo de la zona se ha volcado en la laguna de Mar Chica: saneamiento ambiental, paseos y proyectos turísticos como el del promontorio del Atalayón, dentro de un plan a largo plazo para convertir la laguna en un polo de turismo y náutica del Mediterráneo marroquí. Al mismo tiempo, la ciudad ha ido ganando servicios, universidades cercanas y conexiones —carretera, tren desde Nador y aeropuerto— que la integran mejor con el resto del país.

Hoy Beni Ensar ronda los 50.000 habitantes y sigue siendo lo que su geografía siempre sugirió: una puerta. Del Rif hacia el mar, de Marruecos hacia Europa y, para muchos viajeros, la primera imagen del país al bajar del ferry.

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